Bomberos sufren desgaste comparable al de los Atletas.

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Con el objetivo de estudiar la respuesta fisiológica que experimentan quienes combaten los incendios en primera línea, una investigación pionera ha monitorizado la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal o el nivel de deshidratación alcanzado durante las labores de extinción. En los momentos de máxima actividad, los efectivos analizados de las BRIF (Brigadas de Refuerzo contra Incendios Forestales) tuvieron que soportar temperaturas ambientales de 65 grados o frecuencias cardiacas medias de hasta 162 pulsaciones por minuto.

Un entorno de trabajo que "provoca alteraciones en su respuesta termorreguladora, como el incremento de la temperatura corporal, la tasa de sudoración o la pérdida de peso", advierte el estudio. La alta intensidad del esfuerzo soportado por el personal de extinción es equiparable al de los deportistas de resistencia.

La investigación se ha realizada con la participación de los departamentos de I+D+i e Incendios de Tragsa, empresa pública especializada en la extinción de incendios, y el Departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad de León. El estudio (Análisis del estrés térmico del personal especialista en extinción de incendios forestales), publicada por el Colegio de Ingenieros de Montes e Ingenieros Técnicos Forestales, destaca también que las pérdidas de líquido experimentadas en los momentos de mayor carga de trabajo son comparables a las que sufren atletas durante ejercicios intensos de larga duración y fuerte calor.

Se trata de un estudio pionero porque se ha realizado un trabajo científico en incendios reales, en periodos de tres horas, incluyendo todas las fases de la extinción, también los ataques directos. No se han escatimado recursos; para poder registrar la temperatura corporal, los efectivos ingirieron antes de su llegada al incendio una cápsula para medir la temperatura gastrointestinal cada diez segundos, por telemetría.

Los autores de esta laboriosa investigación, tres integrantes de Tragsa (Jorge López, Rafael Gómez y Felipe Aguirre) y tres investigadores de la Universidad de León (Ana B. Carballo, José A. Rodríguez y José G. Villa), subrayan que cada vez es mayor la "exigencia" sobre los efectivos de extinción por "la percepción de los incendios forestales como un problema social de primera magnitud", por la evolución de los propios equipos de extinción y el incremento de la intensidad de los fuegos, derivada de la acumulación de biomasa en los bosques. Personal de extinción que está sometido a estrés térmico, fatiga muscular y orografías complicadas, que inhalan gases y a veces tienen dificultades para hidratarse y realizar los avituallamientos.

En un escenario tan complejo, nada es baladí. Tampoco los tejidos y el diseño de la ropa de protección del calor exterior. La adecuada evaporación del sudor pasa a ser un factor limitante del rendimiento. "En este contexto de estrés térmico puede producirse fatiga, deshidratación, aparición de patologías derivadas del calor, incluso verse disminuidas las capacidades cognitivas, lo que puede dar lugar a conductas de riesgo que deriven en accidentes", advierte el estudio.

La intensidad de esfuerzo registrada "exige que el personal especialista en extinción posea y mantenga una óptima condición física, por lo que se hace necesario el establecimiento de procedimientos de selección y de entrenamiento específicos". Los Bomberos de la Generalitat realizan exigentes pruebas de acceso y entrenan de forma regular, aunque las pruebas físicas periódicas anuales no son obligatorias; si se realizan, eso sí, suponen un plus de productividad. "Deberían de ser obligatorias", sostiene Enric Pous, subinspector de los Bomberos, especializado en formación y prevención de riesgos laborales. Pous destaca, no obstante, que el nivel físico de los efectivos no ha parado de crecer, sobre todo por la dureza de las pruebas de selección, y explica que muchos, grandes deportistas, pasan voluntariamente cada años los tests.